4/12/21

Soñar despìerto

-¿Has estado toda la noche despierto?

-Sí.

Ella le miró a través del vidrio acuoso que todavía permanecía en sus ojos, recién devueltos a la luz, y extendió la sábana que la cubría, arropándolo junto a ella, exponiendo la desnudez causante de aquel insomnio.

-Ven.

Cuando él volvió a sentir el roce de la piel más suave de la creación, supo que había merecido la pena soñar despierto con ella.

95#setentapalabras
© JM Jurado


La felicidad en dos actos y una escena final

Acto primero. Movidos por la música que los emociona, se levantan de sus sillas y comienzan a bailar. En el restaurante, el resto de comensales sonríen.

Acto segundo. Noche avanzada. Ante la verja son incapaces de reprimir el silencioso lenguaje de las manos y las bocas. Las cámaras, vigilantes del perímetro del edificio, se giran hacia ellos.

Escena final. Madrugada en exterior. Recuerdan cómo, minutos antes, se amaban con intensidad.


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© JM Jurado

El despertador


Sonó el despertador. Envueltos aún en el calor protector y adormecido que habitaba los pliegues de sus sábanas, parecieron desadormecerse de la memoria de un sueño sin tiempo. Aquel amanecer, pulsar el botón de apagado del sonido chirriante fue como apretar el interruptor de reinicio. Se miraron. Se sonrieron. Se amaron. Que sus camas estuvieran separadas por cientos de kilómetros era un detalle que, ahora, carecía de importancia. Estaban juntos.

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© JM Jurado

28/3/21

Los pecados mortales



Tenía grandes dudas sobre los pecados mortales. A saber: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. Desconocía el grado de incurrimiento que debía producirse en cada uno de ellos para ser considerado fatal.

Por eso, cuando estaba con ella amándola con avaricia, provocando ira y envidia en los demás y con lujuria infinita alimentaba su gula paseando por su piel, concluía, perezosamente soberbio, que aquellos debían ser pecados inmortales.


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El intruso



Lo estaba pasando mal. Quien quiera que fuese, intentaba meterse en mi casa forzando la puerta. Amenacé con llamar a la policía, pero no sirvió de nada, siguió trajinando en la cerradura. Tras un silencio, oí como rompía el cristal de la ventana de la habitación de atrás. Fue entonces cuando desperté.

Ahora estoy intranquilo. Temo el siguiente sueño. No sé quién se ha colado y permanece en mi mente.

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Los bolardos

Hay cosas que se ven venir, algunos actos parecen llevar en su naturaleza la carga de lo irremediable. Y lo que tiene que ocurrir, finalmente ocurre.

Hace un momento ha pasado de nuevo atronando con su moto. La calle es estrecha, su velocidad exagerada y los bolardos de hierro. Sé que la relación inversa que existe entre ruido e inteligencia terminará produciendo su fruto. Y este imbécil hace mucho ruido.

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22/3/21

Venus y Cupido

—Lo haré como me has enseñado —susurró el hijo antes de besar amorosamente los labios de su madre.

A pesar del adiestramiento en el manejo del arco, sus flechazos no siempre eran certeros. El eternamente joven Cupido no podía evitar que, a veces, sus puntas se clavaran en corazones de piedra. Errando terminaría aprendiendo, como su madre ya sabía, que en el juego de máscaras del amor también existían contradicciones.



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Venus y Adonis

Se dejó llevar por ese sueño que permite prolongar el éxtasis del amor en territorios sin tiempo. Él no conocía mayor dicha que dormir acogido entre sus brazos de los que volvía, al despertar, invadido por el atrevimiento que nos obsequia el creernos felices.

Asustada, ella no pudo acompañarlo en el sueño. Aquel presentimiento le hacía preguntarse si miedo y destino eran lados de una misma moneda que nos condena.

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Venus recreándose en la Música

Él no podía dejar de mirarla. Ella lo sabía y sentía en el rubor de su rostro cómo sus ojos calentaban su piel desnuda. Pero aquel no era el sonrojo de una disimulada timidez, sino el deleite del poder frente a la dominada voluntad enardecida.

Cuando ella se despojó de sus ropas pidiéndole que acompañara su descanso con músicas, él recordó que las diosas nunca son condescendientes con el deseo.

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13/3/21

El paladar

Chocos, espetos y  chopitos. Un vino blanco sumamente frío. De paladar primitivo y papilas gustativas con una sencillez sensorial extrema, aprendió a transformar cada bocado en algo inolvidable y a comer con una sola mano mientras enlazaba la otra con la de ella.

Después, paseando por la playa, sus sombras se adentraron en el agua, como queriendo subir al barco que rompía el horizonte. A veces, resultaba fácil ser feliz.

Fotografía de @cuarzorosa25

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