4/8/17

Los sellos del pasaporte. INVOLVE. Día -7


Las páginas de mi pasaporte contienen pocos visados. Mis viajes a tierras muy lejanas son, desgraciadamente, escasos y ahora, al poder atravesar las fronteras de los países vecinos, los cercanos y aquellos otros que no lo están tanto, sin que ya sea necesaria la impresión de la huella funcionarial en el librito, se nos ha terminado sustrayendo la inmediatez de la navegación por el tiempo, el espacio y el recuerdo de un solo vistazo. No importa que llevemos encima, en nuestro teléfono, cientos de fotografías realizadas en las decenas de lugares visitados. La contemplación de los sellos de los pasaportes se trata de otra cosa, sin necesidad de imagen alguna la tinta se encarga de evocar rápidamente lo vivido... empezando por las miradas de los policías de frontera por los cuales pasaron nuestros destinos durante unos instantes.

     Regreso la semana que viene a México con el Proyecto INVOLVE. Y ahora que, movido por mi conciencia excesivamente previsora, inicio el repaso de la lista de necesidades en ropajes, divisas, contingencias varias y documentos, aparece el pasaporte. Y en él, el sello que me dio paso hace doce meses a una de las experiencias más intensas de mi vida. Entonces, como si del papel emanaran sensaciones, sonrisas, olores, roces de piel, vibraciones y emociones de muy diversa índole, las imágenes se pasean nítidamente por una memoria que ha terminado haciéndose imborrable.

     Vuelven los saludos efusivos y multitudinarios en la mañana a la puerta del centro educativo, las confidencias de quienes sueñan veinticuatro horas al día con futuros que poco tienen que ver con el presente, las ilusiones desplegadas atropelladamente por las mesas de trabajo, la alegría de compartir risas amarradas a una presencia con fecha de caducidad y a una amistad sin ausencias y sin tiempo. Vuelve el sentido de una solidaridad recíproca en la que el ¿quién enseña a quién? va desapareciendo por la borda de un barco en el que navegamos todos juntos. Vuelven los momentos padrísimos y los agüitados, pues todos tienen su hueco.

     Vuelvo a México. Un nuevo sello en el pasaporte. La misma esperanza.

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