8/1/17

Y al séptimo, descansó


Nunca usaba la escalera mecánica. Como cada mañana, hoy bajó los últimos doce escalones mirando absorta su móvil, camino del andén del metro. Pero en el séptimo, un traspié inexplicable la hizo rodar cinco peldaños.

     Un minuto después, en el suelo, extrañamente sonriente, no podía dejar de leer el mensaje recién enviado: “Me voy para siempre”. Le dolía un tobillo, pero no tanto como su dignidad aplastada desde hacía meses.

© JM Jurado

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