14/8/16

Alargando el tiempo. INVOLVE. Día 1


Un día puede tener más de veinticuatro horas. O, al menos, parecerlo. De hecho, los voluntarios de INVOLVE que hemos llegado a Ciudad de México desde Europa hemos creído vivir, al menos, treinta y una. Y si estimamos la duración del tiempo en sensaciones -con las que elaborar nuestra particular teoría de la relatividad-, el tiempo de este domingo ha parecido no tener fin. Ni, casi, principio.

    La frontera entre los días se diluyó sobre las aguas del Océano Atlántico y lo que era sábado pasó a ser domingo y viceversa. A las once horas de vuelo, aunque los relojes se empeñaran en señalar que únicamente habían transcurrido cuatro, vino a unirse, sin casi solución de continuidad, la prolongación de una mayoritaria vigilia arrastrada desde bastantes horas atrás pues, ante la imposibilidad, en forma dominical, de iniciar la aventura solidaria que nos justifica en estas tierras, comenzamos a abrir los poros y a mostrar nuestra permeabilidad en las atestadas calles de Coyoacán recibiendo sus luces, sus olores, las miradas y gestos de sus gentes o la presencia, en mil formas de distintas manifestaciones, la enriquecedora cultura del pueblo mexicano.

    INVOLVE lleva mucho tiempo preparándose y los voluntarios somos, quizá, el penúltimo eslabón que une esta cadena solidaria. Y, aunque hoy sólo hayamos escrito el prólogo, son pocas las improvisaciones que caben en el desarrollo de lo que ha de venir a partir de mañana, cuando es tan alta la importancia de lo perseguido. Por eso, terminar el día trabajando, como hemos hecho, es la mejor forma de comprobar que el tiempo puede alargarse cuando se llena de compromiso y hermosos deseos.

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