3/4/19

Café con leche



De lunes a jueves, a las seis de la tarde, la mujer ocupaba la misma mesa junto a la puerta y pedía un café con leche.

-Largo, muy caliente, por favor.

Tras cuarenta minutos de silenciosa y solitaria lectura de los periódicos, abandonaba la cafetería. 

Un lunes faltó. La empezaron a echar de menos el jueves. Luego supieron...

-Nunca nos dijo nada. Pero se hacía querer -dijo tristemente un camarero.

58 #setentapalabras
© JM Jurado

31/3/19

El árbitro



Cuando el árbitro anuló el gol por fuera de juego todos protestaron. Nadie lo había visto, ni siquiera los jugadores del equipo contrario.

 Cuando expulsó al defensa y pitó un penalti inexistente, el escándalo estalló. 

  Cuando, con la cabeza baja y la mirada perdida, salió del campo bajo los escudos policiales, sólo pensaba en la llamada recibida minutos antes de comenzar el partido: “Lo nuestro no puede ser, te dejo”.

57 #setentapalabras
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Carnaval



En la plaza, la música y las risas eran atronadoras. Tras las máscaras y los disfraces se resguardaban los miedos y los recelos.

     Al cruzarse entre la multitud, su rostro blanco de clown se quedó detenido ante el antifaz rojo de la lanzadora de cuchillos. Tuvo la certeza de que no la conocía y el convencimiento de que debía besarla.

    Cuando el puñal atravesó su corazón, ya todo fue irremediable.

56 #setentapalabras
© JM Jurado

El silencio


   -¿Por qué siempre eliges el silencio?

   -Siempre no. No seas exagerada...

   -Sabes que callar tiene sus consecuencias.

   -Lo sé. Hablar también las tiene.

   Ella, a horcajadas sobre él, también hizo uso del silencio. Lo miró, lo besó lentamente y dejó que la mudez se abriera paso entre sus cuerpos de pieles confundidas y caderas desobedientes. Tiempo después, sonrió como sólo ella sabía hacerlo. Sin duda, el silencio tenía sus consecuencias.

55 #setentapalabras
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La persuasión



Ella sabía que él pediría más. Pocas veces se conformaba. Era exigente y persuasivo. Lo pedía como sólo él sabía hacerlo, con esa incontestable cadencia en la que un no se transformaba en un agravio. Se acurrucó un poco más entre sus brazos y preguntó:

         -Mamá. ¿Me haces unos cereales con leche?

       Ella no pudo negarse. Los hizo. Después, continuaron leyendo juntos en la penumbra el libro de los enigmas.


54 #setentapalabras
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29/3/18

Los mensajes


    
    “Quiero verte”.

    “Y yo a ti”.

    “Te quiero tanto...”.

    “Y yo a ti”.

    “Si pudiera, iría corriendo hasta donde estés”.

   Silencio. Pasaron algunos minutos antes del siguiente mensaje. Ella esperaba leer en la pantalla: “Corre, ven” o, quizá, “Iré a verte”, hasta un “¿Quedamos a mitad de camino?”. Mientras, escuchaba la canción que le había enviado.

    Entró, por fin, un mensaje nuevo: 

    “Hola, cariño. Te amo”. 

    Pero no era él.

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23/3/18

La tiña



Frente al espejo, antes de salir a la calle, se dijo:

            -Si la soledad fuera tiña, serías tiñoso.

          No dijo nada de la envidia, no sentía que fuera el caso. ¿O sí? Se terminó de arreglar lo poco que podía arreglar. Lo esperaban.

    Charló, sonrió, pisó las aceras al mismo paso que sus acompañantes. No estuvo solo, pero la soledad, a veces, no es lo contrario de estar en compañía.


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21/3/18

Lo peor



Creyó que aquello era malo. Lo peor. Supo que nada podría ser igual, que la distancia que ella había colocado se haría infinita. Que nunca volvería a amarlo. Que ella ya estaba en otro camino. Que su pasión y su deseo estaban en otro lugar.

     Cuando el médico le dijo que por aquella enfermedad su salud no corría peligro, confirmó que era cierto, que era lo peor. La había perdido.

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17/12/17

La bendición


-Que dios lo bendiga, señor.

    Pero los dioses nunca habían depositado sobre él bendición alguna. Ni lo iban a hacer ahora. No le importaba, seguramente tendrían ocupaciones más importantes.

    Cuando ella, arrinconada en la puerta del supermercado, guardó en su desvencijado carro de la compra la leche infantil y los pañales que él acababa de entregarle, sonrió tristemente y su mirada, entonces, pareció divina. Quizá, aquella era la verdadera bendición.

50 #setentapalabras
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14/12/17

A destiempo


Siempre creyeron que sus caminos se cruzaron a destiempo, que la vida debía haber sido otra, que era mentira que los destinos transitaran por callejones sin salida. Los relojes, hasta entonces, terminaron mostrado escasa generosidad con ellos.

     Habían dormido juntos, reído con la misma risa, se amaron luminosos y en el oscuro secreto. Siendo uno, lloraron. Cuando el tren llegó a la estación, volvieron a separarse. Hasta un nuevo viaje.

© JM Jurado